
En la Fundación Celta sabemos que el deporte es la mejor herramienta para generar un impacto real en la sociedad. Bajo nuestro lema, «el fútbol que transforma vidas», trabajamos cada día para que la inclusión sea una realidad en el campo y fuera de él.
Hoy hablamos con Fran Díaz, delegado del equipo Celta Integra Zelnova. Fran es una figura insustituible en la estructura del club: integrante del cuerpo técnico del Celta Integra Zelnova desde hace diez años. Conoce de cerca su visión, su trayectoria en el club y la pasión que mueve el proyecto inclusivo más especial de la Fundación Celta.
1. ¿Cuál fue la primera vez que entraste en contacto con la Fundación Celta?
Recibí la llamada de Carlos Hugo Bayón, en aquel momento responsable de la cantera del club. Me dijo que quería contar conmigo para formar parte de la estructura celeste, sumándome a la cabeza de un nuevo proyecto de fútbol inclusivo que estaban gestando. Fue un día que jamás olvidaré; para un celtista de corazón no hay nada más especial en el mundo que el hecho de que cuenten contigo para pasar a ser parte del club.
2. ¿En qué proyecto de la Fundación Celta estás actualmente más involucrado?
Mi corazón y mi tiempo están volcados al cien por cien en el Celta Integra Zelnova. Mi labor es ser el delegado del equipo, pero en la práctica diaria trato de ser ese puente necesario entre el cuerpo técnico y las familias de los jugadores. Me encargo de que la comunicación fluya, de organizar el día a día para que todo sea más fácil para los entrenadores y, sobre todo, de estar ahí para lo que los chicos y sus familias necesiten, dándoles apoyo y tranquilidad.
3. ¿Qué historia o experiencia vivida aquí te ha marcado especialmente?
Hay muchísimas, cada entrenamiento te deja algo nuevo. Pero siempre se me pone la piel de gallina al recordar nuestra primera participación en torneos como LaLiga Genuine. Ver las caras de los jugadores al vestirse con la equipación oficial del Celta, entrar a un terreno de juego, escuchar el himno y sentir que representan al equipo de su corazón… Hubo lágrimas de alegría pura, tanto de ellos como de sus familias. Ese fue el momento en el que entendí el verdadero impacto y la magnitud de lo que hacemos.
4. ¿Qué has aprendido de las personas con las que trabajas o colaboras en la Fundación Celta?
He aprendido que los límites casi siempre nos los ponemos nosotros mismos en nuestra cabeza. Los jugadores me dan lecciones diarias de superación, de compañerismo sin envidias y de cómo vivir el deporte con una inocencia y una pasión que, a veces, parece que hemos olvidado. De mis compañeros del cuerpo técnico y de las familias he aprendido el verdadero significado de la paciencia, el esfuerzo constante y el amor incondicional.
5. ¿Qué diferencia a los proyectos de la Fundación de otras iniciativas similares?
Lo que nos hace diferentes es que aquí no entendemos el fútbol como una actividad extraescolar o un simple rato de ocio. Para nosotros, el Celta Integra Zelnova es parte de la estructura real del club, con la misma seriedad y el mismo respeto que cualquier otra categoría. Pero, sobre todo, lo que nos diferencia es el sentimiento de pertenencia. No solo formamos jugadores, formamos una familia donde los valores del celtismo —el esfuerzo, la humildad y la «afouteza»— se llevan al extremo. Aquí el marcador es lo de menos; el éxito se mide en la autonomía que ganan los chicos y en la red de apoyo que creamos entre todos. Es un proyecto con alma, donde el escudo es el motor para mejorar la vida de las personas.
6. ¿Qué crees que no se ve desde fuera sobre el trabajo que hacéis?
Desde fuera se ven los partidos, las fotos y las sonrisas en los torneos, que son maravillosos. Pero lo que no se ve es el trabajo invisible de las familias y del cuerpo técnico durante toda la semana. No se ven las horas de gestión emocional, las llamadas por teléfono para saber cómo está un jugador que ha tenido un mal día en el colegio o en el trabajo, ni el esfuerzo logístico para que cada chico pueda llegar a entrenar. No se ve la labor de acompañamiento constante. Hay un engranaje humano increíble detrás de cada balón que rueda; es un trabajo de 24 horas basado en la empatía y en entender las necesidades específicas de cada hogar. Ese «invisible» es, precisamente, lo que hace que cuando saltan al campo, todo parezca tan natural y feliz.
7. ¿Cuál ha sido el mayor reto al que te has enfrentado?
Al principio, el mayor reto fue aprender a gestionar las emociones de todos. Es un ecosistema muy especial: hay que saber canalizar la frustración de los jugadores cuando las cosas no salen, calmar las inquietudes lógicas y los miedos de las familias, y encajar todo eso con la exigencia y la dinámica del cuerpo técnico. Construir ese espacio de confianza absoluta donde todos se sientan protegidos, respetados e integrados llevó su tiempo, pero ver cómo funciona hoy es nuestro mayor triunfo.
8. ¿Qué persona que hayas conocido gracias a la Fundación Celta te ha inspirado?
Es muy injusto dar un solo nombre porque cada jugador del Integra es un referente de superación para mí; me inspiran todos los días al llegar al campo. Sin embargo, si tengo que destacar un colectivo, me quedo con las familias. Esos padres, madres, hermanos y abuelos que luchan todos los días, que hacen encajes de bolillos con sus horarios para traerlos a entrenar, y que nunca, jamás, pierden la sonrisa. Ellos son los verdaderos héroes en la sombra de este proyecto.
9. ¿Qué significa para ti formar parte de la Fundación Celta?
Es un orgullo inmenso y, a la vez, una gran responsabilidad. Ser celtista es un sentimiento de cuna para muchos de nosotros, pero poder defender este escudo ayudando a transformar vidas y dando visibilidad a quienes más lo merecen es lo máximo a lo que podía aspirar. La Fundación es mi segunda casa y los chicos de este equipo, junto con sus familias, son mi propia familia.
10. ¿Qué le dirías a alguien que todavía no colabora con la Fundación Celta para animarle a hacerlo?
Le diría que no se lo piense más y que venga un día a vernos a un entrenamiento o a un partido del Celta Integra. El fútbol inclusivo te engancha desde el primer minuto en que pisas la grada. Es fútbol en estado puro: celebraciones sinceras, esfuerzo sin filtros, abrazos de verdad y sonrisas honestas. Cualquiera que decida colaborar, sea como sea, se va a dar cuenta rápidamente de que se lleva a casa muchísimo más de lo que aporta. Te cambia la perspectiva de la vida por completo.
